Identidad

Veo en la vereda

una planta medio muerta.

Hace cuarenta días desapareció un pibe

llamado Santiago Maldonado.

Hacen marchas, bombas molotov, queman cosas.

Se puso de moda preguntar dónde está.

En Facebook se habla mucho de adopción

de perros.

Son más nobles que las personas, claro.

Y de vez en cuando un dogo se come

a un niño de tres años.

Hay que donar plata para el refugio.

Por favor, que a este perrito le explotó un petardo en la boca.

De pequeña me dijeron que

mi madre no me podía criar

y que les pareció mejor,

sobre todo más decente,

más humano,

entregarme a desconocidos.

Mi madre le hizo caso a su madre.

No aceptó caramelos ni habló con ellos.

¿Por qué no lloran nunca las plantas?

¿Quién piensa en las malas hierbas?

¿Quién preguntará dónde quedó la maceta?

¿Quién levantará esta planta medio muerta

y se alzará en protesta

para que recupere su identidad?

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Vacaciones

Entro en pequeños lagos sin mojarme

sobrevuelo ciudades circulares y

rutas largas como venas que se derraman

sobre el maíz soleado de los campos.

Miro desde arriba las quebradas de los cóndores.

En la playa, camino sobre el agua del océano

con los dedos.

Todo, bajo el mismo cielo.

El mapa tan cerca

las vacaciones tan lejos.

 

Juguetes

Muñecas sin un brazo, sin un pie.

Un oso con la cabeza descosida.

Un auto con una rueda menos.

Un rajado plato para comida invisible.

La infancia transcurre entre juguetes trajinados, agotados,

que resisten como pueden.

Es la muerte contándoles sus secretos a los niños.

Espera su turno desde el primer juguete.

Nosotros acomodamos todo

(que no nos falte hilo-agujas-pegamento)

luchamos cada noche contra lo roto, lo amputado, lo imperfecto.

Lo guardamos en un arcón del cuarto

para no tener que verlo.

Y después les decimos que no existe

el monstruo bajo la cama.

Idolatría

Poeta nuestro, que estás en el medio,

idealizado sea tu nombre.

¡Venga a nosotros tu libro!

Autografiá nuestro ejemplar así en la Feria como en los ciclos.

El poema nuestro de cada día posteánoslo hoy,

y perdoná si no entendemos nada,

así como nosotros perdonamos a los que no te leen.

No nos dejes caer en la tentación

de criticar tu obra

y libranos de encontrarte las erratas

en el Face.

 

Imperial

5.45 am: el balcón es mi escenario.

Aparezco en la oscuridad

descalza y envuelta en toalla

con la decisión de Darth Vader.

 

Entre los edificios

percibo las fuerzas de la mañana incipiente

y respiro lentamente.

Miro todo el cemento con desdén.

Menos estas pocas macetas maltratadas:

imperio verde.

 

Me sorprende la luz de unos pequeños pasos.

Andá para adentro que hace frío.

Haceme caso.

Soy tu madre.

Bob Dylan y el Nobel

Hace unos días la Academia Sueca anunció que el ganador del Premio Nobel de Literatura de 2016 era Bob Dylan. Como era de esperarse, se abrió la polémica. ¿Por qué Bob Dylan? ¿Es justo o injusto? ¿Qué relación hay entre Bob Dylan y la literatura? E inmediatamente hubo apasionados simpatizantes y detractores.

Creo que el análisis de la cuestión pasa por dos preguntas clave. Una es quién es Bob Dylan. Otra, qué consideramos poesía.

La palabra con que definimos a Dylan puede ayudarnos a interpretar las reacciones.

  • Bob Dylan es un músico: si música y poesía van por carriles separados, es inaceptable que Dylan haya ganado en una categoría que le es ajena. Quienes ejecutan un instrumento y quienes escriben son tan diferentes como un bioquímico y un analista de mercados. En las redes, memes con frases como «Tocate una que leamos todos» reflejan esta opinión.
  • Bob Dylan es un letrista: en la canción y la literatura se pone en juego la escritura, pero son dos géneros artísticos de diferentes jerarquías. La canción es un género menor en comparación con la literatura. Es inaceptable que le hayan dado un premio tan importante a alguien que escribe cosas menores.
  • Bob Dylan es un poeta: la poesía es un género literario, por lo cual el premio está bien.

Quienes sostienen la primera postura se olvidan del origen del género lírico, que debe su nombre a un instrumento musical: la lira. En el principio de los tiempos, cuando el hombre comenzó a recitar poesía, esta era un género oral (no la actividad silenciosa,  individual y muchas veces solitaria que es ahora). Tan relacionada con la música estaba que esos primeros poetas recitaban sus composiciones al son de una lira.

Quienes sostienen la segunda postura olvidan que no hay géneros mejores que otros. No es mejor escritor un dramaturgo que un guionista de cómic, no debería tener más prestigio un autor de literatura hiperbreve que otro de novelas de más de 500 páginas. La destreza literaria no tiene que ver con el género elegido, sino con las herramientas que el autor pone en acción en ese género.

Quienes se inclinan por la tercera postura reconocen la letrística como género literario y consideran que, en muchos casos, puede superponerse con el género de la poesía.

Entonces, ¿recapitulamos? ¿Es Bob Dylan un músico, un letrista o un poeta? ¿Es justo el premio?

Con este premio, la Academia Sueca está reconociendo y revalorizando el género canción, le está dando un lugar en la literatura. Está afirmando la oralidad, la música, el ritmo que lleva la poesía en sus entrañas. Este es, para mí, un verdadero regreso a los orígenes del género y un desafío para que nos quitemos los prejuicios de encima.

La palabra es neutra

No hay palabras más poéticas que otras. Eso es un mito. No se llega a la poesía por las palabras que se eligen; la condición poética se construye a partir de las palabras, que son recursos. Se puede hacer poesía con la palabra cielo, pero también con zapato, culo, termómetro o calefón.

Pretender que usar ciertas palabras (vayamos al cliché: firmamento, brisa, corazón, alma, dolor) es hacer poesía es como pretender que se pintó una obra de arte solo por usar determinado color. Es estúpido, y aun así hay muchos que lo piensan.

Con otras palabras, Bajtín explica este carácter neutro de las palabras y de dónde surge la chispa de lo expresivo (las negritas son mías).

«Escogemos la palabra según su significado, que de suyo no es expresivo, pero puede corresponder o no corresponder a nuestros propósitos expresivos en relación con otras palabras, es decir con respecto a la totalidad de nuestro enunciado. El significado neutro de una palabra referido a una realidad determinada dentro de las condiciones de terminadas reales de la comunicación discursiva genera una chispa de expresividad. Es justamente lo que tiene lugar en el proceso de la creación lingüística con la realidad concreta, sólo el contacto de la lengua con la realidad que se da en el enunciado es lo que genera la chispa de lo expresivo: esta última no existe ni en el sistema de la lengua, ni en la realidad objetiva que está fuera de nosotros».

El cuerpo

La tarde es una tapa, una planicie de madera oscura.

¿Cuánto clavo se necesita para que finalmente
la ausencia abra su boca de gusano?

En la sala, arrastran los pies las horas.
El susurro constante, manos sobre la cara,
gente que viene y va

hasta que

los martillazos, la caravana,
la caja para siempre sepultada.
El final ficticio.

Culebra

Un poema
finito
y resbaladizo
como una culebra,
peligroso
solo en apariencia,
que no sabe morder,
que va
por el pasto
de la orilla
y por el agua
y hace
lo que quiere
por acá,
                         por allá,
sobre todo
por las tardes,
día
tras día,
sin autor
sin lector
en su felicidad
sin fin